Historia de la Estilográfica en España (I)

Debido a mi gran afición a las plumas estilográficas antiguas, viajo con cierta frecuencia a las ferias europeas y norteamericanas de venta e intercambio de estilográficas y desde que comencé, he ido buscando todo tipo de bibliografía para ir ampliando mis conocimientos, notando la carencia de información acerca del mercado de plumas en España. Este vacío está compartido por la mayoría de los coleccionistas que conozco.

Después de pensar varias formas posibles de llegar a las fuentes de información que cubrirían esta carencia, llegué a la conclusión de que lo mejor era acudir a las personas que desde muy jóvenes se dedicaron, primero como aprendices, luego como oficiales y finalmente como propietarios, a fabricar y vender plumas en España; pero sobre todo, averiguar cuáles eran las marcas más importantes que se habían fabricado y cómo fueron los comienzos de este fantástico utensilio en nuestro país.

 

Tres logotipos distintos de REGIA, en el cuerpo de la pluma

Pretendo, desde estas líneas, dar un poco de luz a la oscuridad que hay alrededor de los comienzos de la pluma en nuestro país.

Dos estilográficas REGIA de despacho, en portaplumas de mármol y bronceComo en España no existieron fabricantes de plumas hasta principios de los años cuarenta, tenía que averiguar qué pasó en los años anteriores a esa década, y para ello, decidí buscar la colaboración de una de las personas que más en contacto había estado con la primera marca española, fabricada íntegramente en nuestro país. Me estoy refiriendo a don Luis Portabella, quien comenzó desde muy joven, en el año 1934, a trabajar como aprendiz en el mundo de la estilográfica y continuó luego trabajando y colaborando muy de cerca con la primera marca española, «REGIA», hasta que posteriormente se independizó y montó su propio negocio.

El señor Portabella tuvo la amabilidad de recibirme en la trastienda de su negocio en la calle Portaferrisa, 17, de Barcelona, y amenamente charlamos a lo largo de hora y media. Vaya intentar primero dar unas ideas generales y luego centrarme en la marca REGIA, primer producto íntegramente español que salió al mercado.

Sabemos que en España la producción propia al cien por cien de estilográficas fue tardía y muy escasa, y que, además las importaciones estuvieron prohibidas del año 40 al 55 aproximadamente. Esta prohibición, es una de las razones por las que el mundo de la pluma está salpicado de cierta picaresca, propia de nuestro país.

IMPORTADORES y MARQUISTAS

Hay que distinguir, primero, dos períodos, que son antes y después de nuestra guerra civil.

Antes de la guerra civil en España no se fabricaba absolutamente ninguna estilográfica, es decir, no existían fabricantes, sólo había importadores y marquistas.

Los primeros eran los señores que tenían la exclusiva para nuestro país de las diferentes grandes marcas, la mayoría de ellos norteamericanos; y los marquistas eran los señores que traían prácticamente todas las piezas que componen una pluma, del extranjero, principalmente de Italia, Inglaterra y Alemania; y que luego, montaban aquí y ponían su propia marca (de ahí el nombre de marquistas) en los cuerpos así como en los plumines.

Las piezas comercializadas por los marquistas tenían unas calidades técnicas bastante bajas, aunque se cuidaba mucho el aspecto exterior. Los marquistas estaban prácticamente todos asentados en Barcelona.

ANECDOTARIO

Era en el campo de las importaciones en donde reinaba la picaresca por doquier.

Al término de la Guerra Civil Española, éstas estaban absolutamente prohibidas, y el rey de la situación comercial era el extraperlo. Eran miles y miles las piezas que entraban de contrabando y muy pocas de éstas las que las autoridades lograban coger. Pero esas pocas que se cogían había que legalizarlas y entonces se recurría a las consabidas subastas públicas para darles salida.

A estas subastas sólo concurrían conocidos comerciantes del gremio que previamente, entre bastidores, se repartían los lotes y así conseguían cada uno un cierto número de piezas con el sello de aduanas, que en aquella época era receptivo para poder exponer en pública venta.

Así el comerciante ‘X’ se marchaba a su casa con un lote de por ejemplo doce piezas y todas ellas con su correspondiente sello de aduana.

Exponía esas piezas en el escaparate, y cuando vendía una, le quitaba cuidadosamente el sello y se lo ponía a otra pieza que sacaba de un cajón y que correspondía a un gran lote que previamente había comprado a un contrabandista. Y haciendo una y otra vez esta sencilla operación lograba legalizar, de cara a la galería, más de ciento veinte piezas con tan sólo doce legales. 

THE FONT PELAYO PEN

Pasada esta anécdota real y para retomar los antecedentes de los que serían creadores de la primera marca española, hay que empezar por un marquista, don Vicente Martín.

El señor Martín, en cuya empresa comenzó a trabajar don Luis Porta bella a los catorce años, era natural de un pueblo de Segovia, FUENTEPELAYO, y muy joven emigró a Barcelona, donde creó la empresa Vicente Martín, que era mayorista de artículos de escritorio y estaba prácticamente dedicada a la venta de estilográficas a todas las papelerías de España.

Esta empresa creó su propia marca de estilográficas THE FONT PELAYO PEN; TRADE MARK, nombre sacado de su pueblo natal segoviano.

PLUMILLAS ONSÉS

Como ya he dicho antes, la mayoría de las piezas se traían del extranjero, venían de Alemania, Italia y Francia, de talleres corrientes sin marca incompletas, es decir, sin las plumillas: cuyo montaje efectuaban en Barcelona con plumillas de oro, generalmente inglesas, de las fábricas RENE & HEIMANS NIBS, y también con plumillas de oro fabricadas en Barcelona por la casa Damián Onsés, único fabricante que ha existido en España.

Todo este mercado siguió con normalidad hasta que estalló la guerra civil, en que todo quedó paralizado, tanto importaciones como las ventas.

El señor Martín, con una edad avanzada, dejó entonces sus actividades comerciales en este sector.

Un tiempo más adelante, ya iniciada la segunda guerra mundial, y como la demanda de plumas en el mercado era enorme (miles de soldados necesitaban escribir desde el frente a sus familias), la empresa de los Hermanos Vila Sivill, marquista de ANTINIA, toma la alternativa dejada por don Vicente Martín, y le compran su empresa.

El señor Portabella marchó a trabajar con los señores Vila Sivill, y es así que participará de una manera muy directa en el nacimiento de la primera estilográfica totalmente española.

MATERIAS PRIMAS

Debido a las circunstancias del momento, el mundo en plena guerra, los señores Vila Sivill tienen que hacer mil y un equilibrios para encontrar posibles materiales que sirvieran para fabricar plumas estilográficas. Se piensa en la ebonita, la galalita, el celuloide, la madera, el asta animal, etcétera.

Por primera vez, montan una fábrica completa para producir estilográficas en la calle Rosellón, 183 -VICURVI-, aventura a la que se les une un nuevo socio, don Baldomero Curiá. Esta fábrica fue montada con la clase de maquinaria habitual de la época, y que era la que venía siendo utilizada de manera general por todas las fábricas de plumas en todos los países: tornos, prensas, pulidoras. etcétera. No se contaba por entonces con los materiales termoplásticos inyectados, ya que estábamos en el año 1940.

En dicha fábrica, y contando ya con el material idóneo para estilográficas, inicialmente galalita en barra comprada en Inglaterra. Anecdóticamente llegó a España en plena guerra europea, mientras Londres era bombardeada y envalada en grandes cajas de madera (en total eran tres toneladas de galalita), sobre los que los remitentes habían escrito con grandes caracteres GRAN BRETAÑA CUMPLE.

Luego vinieron acetatos, celuloides de otras procedencias y se puso en marcha la fabricación totalmente propia de estilográficas con la marca REGIA, perfectamente comparable a las extranjeras de su nivel.

LA ENCICLOPEDIA YIAREGIA

El nombre de la marca REGIA lo eligieron buscando un anagrama en una enciclopedia. Vieron una corona, les gustó y pareció que ese símbolo podlia dar prestancia y decidieron llamarla REGIA con el anagrama de la corona.

Durante cinco años se fabricaron miles y miles de REGIAS, con una gran demanda en el mercado. Los precios oscilaban de 125 a las 350 pesetas. Todos los modelos utilizaban el sistema de carga a presión, ya que técnicamente era el que resultaba más fácil de aplicar. Diferentes tamaños, formas, colores y los estilos salieron de la fábrica VICURVI.

 

Detalles REGIA

 

EL INVENTO DE BIRO

Todo iba sobre ruedas hasta que en el año 1946 llega a manos de los socios de la empresa un artefacto inventado por el argentino BIRO, de (origen húngaro). Este artefacto será el precursor del bolígrafo.
 

Al principio los técnicos de VICURVI no entienden muy bien para qué es aquello, hasta que diseccionando una pieza completamente descubren con gran sorpresa que efectivamente existe un déposito de tinta y que a pesar de las primeras dudas de que aquello sirviera para escribir, todo hace indicar que así es, y que además la autonomía de escritura puede ser de unos dos años.

La gerencia de la empresa se dio enseguida cuenta de las enormes posibilidades de la novedad. Inmediatamente en la fábrica se monta una sección aparte para estudiar, investigar, preparar y planear la puesta en marcha de un producto de dichas características. Este proyecto fue apasionante y en poco menos de un año salen a la venta los primeros REGIA CONTINUA, nombres con que sale al mercado el nuevo artículo.

La palabra bolígrafo, ideada por el señor Arbolés, de la empresa Estilográfica Nacional, pretendía solamente distinguir el producto de su fabricación, pero no pudo impedir, por lo muy conseguido del vocablo, que se la secuestraran para usarla en todo el mundo.

Retornando a los REGIA CONTINUA, el éxito inicialmente fue arrollador. Un verdadero boom. Las ventas fueron masivas y se exportaron a toda Europa ya que fueron los primeros bolígrafos fabricados en Europa. Todas las marcas anteriores del mercado fueron americanas.

Al cabo de los cinco o seis meses de salir al mercado, al igual que les ocurrió a todas las demás marcas, BIROME, REYNOLDS, EVERSHARP, etcétera, los bolígrafos dejaron de escribir y ése fue el fracaso. Las devoluciones fueron a miles.

La casa Regia decidió hacer frente a sus responsabilidades y responder ante la avalancha de reclamaciones, devolviendo el dinero a sus clientes.

Este hecho resultó un golpe muy duro para la economía de la empresa y a la muerte del gerente Pascual Vila, a principio de los años cincuenta, se presentó una suspensión de pagos y se cerró la fábrica.
 

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