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En un rincón del Madrid aún clásico y entrañable, en el número 84 de la calle Zurbano y abierto a un empedrado patio de estilo casi francés, se encuentra el establecimiento de anticuario de Julia Gusano.

Norte y parada obligada para todo coleccionista de estilográficas que se precie, Julia nos recibe con su decidida sonrisa e iniciamos una agradable charla que va enredándose por los viejos carteles y anuncios de Waterman, Parker, Omas, Sheaffer’s … que cuelgan de las paredes, por los cuerpos de las estilográficas que descansan ordenadas en sus vitrinas, en el trípode del viejo telescopio o entre los estuches espectantes sobre las pequeñas mesas que se encuentran varadas por todo el local.

Los esquemas preconcebidos de la entrevista se rompen y dan paso a un río/conversación vivo y cálido como cuantos objetos nos rodean y sirven de marco.

Periodista convertida en anticuaria en brazos de su propia afición y en la de sus padres, con los que recorrió los pueblos en busca del pasado cotidiano, Julia Gusano recuerda cuando decidió poner su propio negocio de antigüedades, cuando en las ferias de Inglaterra veía en pequeños puestos unos aún más pequeños montones de plumas – descuajaringadas la mayoría, otras aún en buen estado- plumas de los años 30 ó 40 que la atraían irresistiblemente.

– A mí siempre me gustaron las estilográficas – recalca Juia – y cuando llevé plumas a mi sitio del Rastro me las quitaron de las manos como si fuesen caramelos a la puerta de un colegio.

Julia Gusano, no hace falta decirlo, lleva muchos años "tirando la manta" – como ella dice- todos los domingos en la madrileña plaza de Vara del Rey, descubriendo aficiones, ayudando a que el mero curioso se trueque en coleccionista apasionado y al ya experto en completar un poco más su colección.

Aquel hecho, la evidente carencia de una oferta, fue el empujón definitivo que la llevó a convertirse en anticuaria de plumas y cuantos objetos rodean el fascinante mundo de la escritura.

– Es este un trabajo que requiere de mucha paciencia: buscar, encontrar, guardar, esperar, completar. Sí, mucha paciencia. -La conversación casi se convierte en un monólogo apasionado- Hay clientes de todas las clases, desde el que gasta grandes  cantidades porque su situación económica se lo permite, hasta quien todos los meses aparta una pequeña cantidad de su sueldo y al cabo de 4 ó 5 viene a preguntar si tienes tal o cual pieza.